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28 de
enero
2013
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Día 3 de viaje
Lunes 6 de agosto de 2012

Trekking en el Valle de Baliem (Irian Jaya – Papúa)
Etapa 1 de 4
Wamena – Sogokmo en bus:
» 13 km | altitud de 900 a 1.375 m | 0,5 h
Sogokmo – Kurima – (cercanías de Kilise) – Kurima – Seima – Ikinem:
» 14 km | altitud de 1.375 a 1.800 m | 7 h

Hoy empieza nuestro trekking en el Valle de Baliem por libre, sin guía. Caminamos felices ya que nuestra aventura comienza. La estación está en pleno mercado tradicional. Allí, un hombre en lo alto de una destartalada furgoneta dice muy rápido — “KurimaKurimaKurima” —. Ese es nuestro hombre!

Estas furgonetas sólo salen cuando están llenas. Nosotros tardamos casi una hora en poder salir, una vez alcanzamos la cifra de 18 adultos, 5 niños, 3 bebés y 1 cerdo. El trayecto se hace realmente corto, en parte, gracias a el ajetreo y buen rollo que hay en la furgoneta. El paisaje es bonito y pasamos varios pequeños pueblos. A medida que nos acercamos a nuestro destino, el camino se hace más díficil hasta que la furgoneta no puede avanzar más y finaliza su trayecto en Sogokmo.

Trekking Valle de Baliem - Papúa

Trekking en el Valle de Baliem – Papúa

Y aquí comienza nuestro trekking en el Valle de Baliem sin guía, por nuestra cuenta. Empezamos a caminar desde Sogokmo y en dirección a Kurima. Al principio todo parece fácil: una senda larga sin apenas desnivel. Pero, de repente, el camino se complica con saltos de tierra debido a las fuertes lluvias de estos días y tenemos que ayudar a una señora a superar el desnivel.

No tardamos apenas unos minutos en toparnos con nuestro primer río, un afluente del río Baliem, bautizado por nosotros como “el río de la muerte”. Con sus apenas 10 metros de ancho, va cargado de mucha agua que ruge entre las piedras. La única vía para llegar al otro lado consiste en dos troncos delgados y juntos que la gente cruza con gracia, pero a mi no me hace ninguna…

En estos momentos, se te pasa por la mente la pregunta de por qué estúpida razón tu madre no te enseñó a nadar de pequeña. Lo cruzamos haciendo de tripas corazón y con un poco de ayuda de los locales que, al vernos inseguros, no dudan en darnos la mano.

Continuamos el camino sin más incidentes y, una hora y media después de empezar a caminar, llegamos a Kurima donde nos topamos con el control que tiene el ejército en el camino. Como ya sabíamos, nos hacen entrar en su recinto para dejar constancia de nuestra entrada en el valle. El chico, además de tramitar la documentación y quedarse una copia de nuestro Surat Jalan, está interesado en hacerse unas cuantas fotos con nosotros. Después de una decena de fotos, seguimos el camino que nos lleva a la policía local a la que también tenemos que notificar nuestra entrada.

Nuestro objetivo es hacer la ruta por el lado izquierdo del río Baliem, pasando por poblados como Ugem, Hitugi y llegar a Syokosimo si nos da tiempo. Para ello, vamos preguntando a los locales que nos indiquen si vamos bien hacia Hitugi. Theodora nos dijo que la ruta más habitual es por el lado derecho del río (la zona de Kilise) pero que las vistas son mejores las del lado izquierdo.

Perdidos en el Valle de Baliem, Papúa

Perdidos en el Valle de Baliem, Papúa

Contentos, limpios y felices seguimos el camino, que se encrudece por momentos. Estrechísimos caminos, barro y pendientes imposibles con excursiones al suelo blando y fangoso. El camino serpentea entre pequeños ríos, maderas podridas, saltos de tierra… hasta que llegamos a un punto donde el camino muere en una cascada que da a un acantilado, cerca de Kilise (sin saberlo). Nos miramos y pensamos que por aquí no es.

Después de más de una hora y media caminando, nos damos cuenta de que este no es el camino bueno y de que estamos todavía en el lado equivocado del río y no encontramos la manera de cruzarlo. Tenemos que deshacer el camino. Volvemos a Kurima y giramos a la derecha al llegar a la policía para encontrar, ahora sí, el puente colgante sobre río Baliem, que se mueve con nosotros al son del viento.

Puente colgante de Kurima, Valle de Baliem

Puente colgante de Kurima, Valle de Baliem

Una vez cruzado el río, llegamos a Seima y nos entra la duda de si dormir allí o seguir hacia el próximo poblado. Hemos perdido mucho tiempo, primero en el transporte público de Wamena a Sogokmo y luego perdiéndonos más de 3 horas por el lado del río equivocado.

Después de una pequeña discusión por falta de acuerdo, decidimos seguir hasta el próximo poblado. Tomamos el camino que hay a la derecha una vez cruzado el puente y vamos paralelamente al río esperando encontrar pronto Ugem o cualquier otro lugar donde poder dormir.

El camino se nos vuelve a hacer imposible. La complicación es, primero el barro, que te hace hundirte y resbalar, y luego las fuertes pendientes cuesta arriba. No entendemos que todo el mundo nos haya dicho que el camino es muy fácil y que por allí suelen pasar viajeros, ya que no nos cruzamos con ninguno y la senda es pequeña y muy dura.

Perdemos una de las dos cantimploras y vamos rellenándola al encontrar riachuelos. Después de otras 2 horas caminando, desaparece el camino y vamos a través de campos de cultivo. No podemos más, estamos en el límite de nuestras fuerzas. Divisamos a lo lejos una pequeña aldea que nos da algo de esperanza.

Hemos vuelto a coger un camino que no era y, en lugar de ir por la vía fácil (subir a la izquierda al cruzar el puente), hemos escogido el estrecho y difícil camino que usan los locales. Eso sí, las vistas  desde este camino son mucho mejores al ir por la pendiente y disfrutar del valle y el río.

Exhautos y llenos de barro, nos colamos en el terreno de una familia, entrando por el huerto y trepando por el muro de piedra. Un chico joven, Sepianus, nos mira extrañado. Le preguntamos si podemos dormir en su cabaña una noche. Él, duda un intante, ya que es el hermano mediano de la familia y no tiene autoridad. Necesitamos dormir allí porque queda poco rato de luz y no sabemos cuánto falta para la siguiente aldea.

No tarda en entrar en escena Arius, su hermano mayor. Se acerca a nosotros con un machete de 50 cm en la mano que clava en el suelo con un gesto rápido. Suena mal, lo sabemos, pero en estas tierras casi todos los hombres van con uno de esos. Nos dicen que sí, sin ningún problema nos dejan dormir con ellos esta noche.

No nos piden nada. Nosotros les decimos que les pagaremos pero no concretamos ningún precio. Ellos no sacan el tema, parece que no les importa. El dinero aquí no vale para mucho, su ropa es vieja y llevan camiseta de manga corta y pantalón también corto. Tienen frío, les castañean los dientes y van descalzos.

Es nuestro primer contacto con las tribus Dani de Papúa. No nos engañemos, no viven como en la edad de piedra pero subsisten de manera independiente y con prácticamente nada. Se sustentan de lo que da la tierra. Cultivan y comen batata y banana a todas horas. No necesitan luz, el agua la tienen en un río cercano y el calor lo consiguen con la leña que queman. El único “lujo” que tiene esta familia es un móvil, un antiguo Nokia que custodia el abuelo. Lo enciende muy poco y es solo para emergencias.

A diferencia de lo que pensamos al verla de lejos, no se trata de una aldea ya que solo vive allí esa familia. El recinto está formado por 2 honais, una para los hombres y otra para las mujeres (July y la abuela), los niños (Merlin y Arson) y los cerdos. Junto a ellas tienen su huerto y un lugar cubierto donde guardan la leña para que no se moje.

Honai en el Valle de Baliem, Papúa

Honai y huerto de la familia de Sepianus, Valle de Baliem

Honai en el Valle de Baliem, Papúa

Honai en la que hoy pasaremos la noche, Valle de Baliem

Las honais son edificaciones circulares con paredes de madera y techo de paja al igual que el suelo. Se entra por una pequeña apertura en la madera que da acceso a la planta baja. En el centro, un pequeño recuadro encementado hace de “chimenea”. Soportada sobre 4 pilares de madera, la planta superior es igualmente circular, con una base de cañas cubierta de baja y sin lugar para el fuego. Se sube a ella por una pequeña escalera de madera.

Se alborotan como niños cuando hacemos unas cuantas fotos Polaroid: primero con una platanera, luego con Merlin, uno de los pequeños de la familia. Estamos a 1.800 m de altitud y, en cuanto el sol se pone, la temperatura desciende rápidamente, así que nos vemos obligados a resguardarnos en la honai.

Dentro de la cabaña no tienen casi nada. Simplemente podemos ver una libreta, una muda de ropa del hermano mayor, la olla para hervir el agua y prácticamente eso es todo. Viven con lo puesto, ropa vieja cedida, y casi no tienen nada material.

Encienden el fuego dentro de la cabaña y el abuelo toca el karinding, una especie de arpa de boca hecha de bambú que genera música al hacerla vibrar. Nos ofrecen batatas y hacemos uso del diccionario de indonesio (bahasa indonesia), imprescindible para entendernos. Dormiremos en la honai de los hombres, ya que en la de las mujeres los hombres no están permitidos. Sólo entran para practicar sexo.

Cuando oscurece del todo, la luz es mínima: tan sólo la que da la llama de la hoguera. Encendemos la linterna para leer el diccionario y, para nuestra sorpresa, descubrimos una enorme araña negra, gorda y peluda de más de un palmo de grande que está al lado de Xavi. Al otro lado, detrás de mi, una con el cuerpo más pequeño pero de largas patas, amarilla y negra. Sepianus hace bromas y toca una ofreciéndonosla. Nosotros chillamos al unísono un —No!— que parece convincente porque no vuelve a repetirlo. No es por miedo sino por la ignorancia de no saber si son venenosas. Creo que si no les hacemos nada, no nos haran nada. Y no nos movemos. De repente no están… mejor no pensar.

La familia de Sepianus casi al completo en Ikinem, Valle de Baliem

La familia de Sepianus casi al completo en Ikinem, Valle de Baliem

Como niños junto a Sepianus en Ikinem, Valle de Baliem

Como niños junto a Sepianus en Ikinem, Valle de Baliem

Consejo útil
Es recomendable para el trekking llevarse algo de comida envasada, para ir aguantando por el camino y para compartir con la gente. Nosotros la compramos en España: algo de embutido, queso y barritas energéticas. En las cabañas os darán algo de comer, pero ellos no tienen comida en abundancia así que no conviene abusar. El menú suele ser a base de batata, plátanos y muy raramente arroz o verduras.

Esta vez nos sacan plátanos para cenar. Antes de dormir, hacemos una foto nocturna, y el hermano mediano Sepianus aprovecha un descuido de Xavi, que se va a la honai a por la cámara, para darme una palmadita en el culo!!! Pero si solo tiene 19 años!!!

Nos vamos a la cama cuando ya se nos cierran los ojos. Accedemos arriba por la escalera de madera. El suelo es mullido y hay muchísima paja. No cabemos de pie así que hay que arrastrarse. No hay nada y no tienen ninguna manta para taparse. Llega un poco de calor del fuego a tierra de la planta baja, pero preferimos dormir dentro de los sacos de dormir, para evitar posibles compañías peludas de 8 patas.

Va a ser una noche muy larga…

 Gastos
Trayecto en furgoneta Wamena – Kurima para 2 personas = 60.000 IDR { 5,13 € }
Alojamiento para 2 personas en cabaña local de Ikinem = 160.000 IDR { 13,67 € }

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Categoría: Diario de viaje Indonesia | Tags: , , , , , , , , ,

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2 comentarios

  • Conchita López | 28 . 01 . 2013

    Continúo pensando lo aventureros que sóis, pero estas imágenes y recuerdos tan bonitos (muy peligrosos algunos de ellos, claro), siempre los llevaréis con vosotros. Seguid contándonos …. me encanta!!!!

    • tienenojos.com | 28 . 01 . 2013

      Que nos quiten lo bailado!!!
      Cuando decidimos visitar la zona, creo que nunca pensamos que nos gustaría tanto.


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