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7 de
febrero
2013
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Día 4 de viaje
Martes 7 de agosto de 2012

Trekking en el Valle de Baliem (Irian Jaya – Papúa)
Etapa 2 de 4
Ikinem – Ugem – Hitugi
» 7 km | altitud de 1.800 a 2.000 m | 6 h

Despertamos repentinamente porque nos cuesta respirar. Ya están todos despiertos abajo y han encendido la hoguera. El humo invade la planta de arriba y apenas podemos abrir los ojos. Escucho a Xavi como me dice —Vámonos, vámonos. No puedo respirar—. En tres segundos ya estamos abajo. Están ya todos rodeando el fuego: tienen frío y están tiritando.

Traen batatas para desayunar, patata dulce tipo boniato. Su sabor nos recuerda un poco a una castaña blanda. Una vez de día y hablando con todos fuera de la honai, nos damos cuenta de que el hijo pequeño, Merlin, tiene herido el pie. Les preguntamos si quieren que se lo curemos y, sólo con su gesto, ya vemos la cara de gratitud con la que nos miran. El niño tiene una herida infectada en la planta del pie y la pierna. Ellos caminan descalzos por caminos de piedra y barro. Los pies del pequeño aun no se han acostumbrado a esa dureza.

Con un poco de alcohol y un ligero vendaje le limpiamos y tapamos la herida. Les explicamos que tienen que lavar la herida con agua (air, en bahasa indonesia) y taparla con unas tiritas que les damos. Muy agradecidos, nos abrazan y sonríen. Al niño no le hace tanta gracia y llora desconsolado por el escozor. No quiere ni acercarse a nosotros.

Cuando parece que la niebla se disipa un poco, les agradecemos su hospitalidad, nos despedimos de todos y seguimos el camino después de pagarles lo que creemos conveniente. Tenemos que continuar nuestro trekking por el Valle de Baliem. El hermano mediano, Sepianus, nos acompaña hasta el camino grande y accesible que va hacia Ugem, aquel que ayer no encontramos y por el que sí suelen ir los viajeros y algunos locales. Hasta llegar a él, pasamos por el terreno donde la encantadora familia que nos acogió la pasada noche cultivan batatas. La enorme pendiente hace que nos tengamos que parar cada 10 minutos sin aliento. Una vez en el camino ancho, todo es más fácil, vemos a más gente por él y la dificultad desciende.

Camino a Hitugi. Valle de Baliem, Papúa

Camino a Hitugi. Valle de Baliem, Papúa

Barreras de piedra. Valle de Baliem, Papúa

Barreras de piedra. Valle de Baliem, Papúa

Aldeas Dani en el Valle de Baliem, Papúa

Aldeas Dani en el Valle de Baliem, Papúa

Echando la vista atras. Trekking en Baliem Valley.

Echando la vista atras. Trekking en Baliem Valley.

En el sendero os encontraréis barreras de piedra y madera que hay que saltar. No os extrañéis si los locales os siguen por el camino, lo hacen por estar con vosotros. Algunos no hablarán y guardarán una distancia prudencial. Aquí nunca estás solo. Unos os seguirán durante horas y otros os acompañarán sólo unos minutos hasta que ven que vuestro ritmo es más lento que el suyo.

De repente, nos giramos y tenemos caminando detrás nuestro a un grupo de 10 personas entre mujeres, niños y hombres. Nos paramos a descansar y ellos también lo hacen. Sonríen timidamente y nos saludan diciéndonos —Pagi— (el saludo matinal) y dándonos la mano. Algunas personas, para demostrar afecto, te dan una mano y sostienen la tuya con la otra. Son muy cariñosos y les encanta el contacto, alguno incluso te abraza.

La gente mayor repite el típico —Ua ua ua— de la zona, que sería algo parecido a un “gracias”. Todos van cargados por el camino: sacos de comida, gasolina, aceite, madera, cerdos… Las mujeres se lo cuelgan todo en las bolsas que tejen ellas misma mientras andan de un sitio para otro. Se las cuelgan en la frente y allí meten de todo: bebés, comida, cerdos vivos…

No muestran señal alguna de cansancio. Descalzos todos, sus fuertes y resecos pies lo aguantan todo. Los han desarrollado tanto que son anchos como manos. A algunos les faltan uñas en los dedos de los pies.

Mujer cargando en su frente la típica bolsa tejida a mano, Valle de Baliem

Mujer cargando en su frente la típica bolsa tejida a mano, Valle de Baliem

Pies descalzos de una mujer Dani en el Valle de Baliem

Pies descalzos de una mujer Dani en el Valle de Baliem

Cuando nos damos cuenta, nos hemos pasamos de largo Ugem, así que  bajamos a un río para refrescarnos. Jugamos con unos niños en el río y el espectáculo hace que se paren algunos locales. Agradecen mucho que los extranjeros interactuemos con ellos. No tendría que extrañarles ya que por la zona suelen pasar viajeros, pero parece ser que algunos sólo vienen para coleccionar lugares. Dos turistas pasan por el puente (escoltados por su guía y sus tres porteadores) y nos saludan diciendo —Nice place—, a lo que contestamos —Yes! come here—. Ellos no quieren bajar y se marchan con su séquito de acompañantes.

Seguimos la marcha hacia Hitugi y por el camino nos cruzamos con los alemanes Ed, su mujer, Helmut y un amigo americano que conocimos en el aeropuerto, que vuelven de su trekking y pasarán esta noche en Ugem. Un poco más adelante, encontramos a nuestro primer grupo de “travestidos” con la vestimenta tradicional de las tribus Dani de Papúa. Los llamamos así, travestidos, porque son hombres que habitualmente ya no visten así, lo hacen para llamar la atención de los turistas y pedirles dinero.

Nosotros, con nuestra cámara Polaroid y unos cuantos roco-roco (tabaco), los alborotamos en un momento y pasan de querer pedirnos dinero a darnos las gracias y un gran abrazo. Les ha encantado recibir de nuestras manos una foto de ellos mismos.

Hitugi, aldea en las alturas del Valle de Baliem, Papúa

Hitugi, aldea en las alturas del Valle de Baliem, Papúa

Regalando globos en Hitugi, Valle de Baliem

Regalando globos en Hitugi, Valle de Baliem

El mayor de la aldea de Hitugi sigue vistiendo la tradicional Koteka, Papúa

El mayor de la aldea de Hitugi sigue vistiendo la tradicional Koteka

El camino empieza a subir y ya no desciende hasta llegar a Hitugi, una aldea ya algo acostumbrada al turismo. Tiene hasta un “hotel”… Los precios que nos piden son desorbitados: 200.000 IDR por persona y noche. Intentamos que nos dejen dormir en la escuela o en la iglesia pero están cerrados y nos dicen que ni el profesor ni el cura andan por allí, así que hablamos con la gente de la aldea para intentar dormir en alguna de sus casas.

Siguen pidiendo un coste mucho más alto del que sabemos que es el habitual. La gente nos persigue, nos agobia y se van cuchicheando y diciéndose los precios los unos a los otros para que ninguno nos ofrezca menos.

A mi me da rabia, me enfado y me entra la llorera, porque yo soy de risa fácil pero también de lágrima fácil. No es por el dinero, que lo puedo pagar y no salgo de pobre, es por las formas. No somos un dólar con piernas, somos personas y, de la misma manera que nosotros les tratamos con educación y cariño, sólo esperamos lo mismo. A veces el turismo corrompe, el dinero fácil corrompe. Tenemos todos un poco de culpa, algunos por pagar precios que no tocan (simplemente porque en sus países de origen es muy poco dinero) y otros por tratar a los locales como idiotas infectados. Debe existir un equilibrio.

El hombre de una de las casas donde preguntamos al principio regresa en nuestra búsqueda y nos pide ahora mucho menos, 80.000 IDR por persona, un precio más normal. Su mujer les ha echado la bronca y nos acoge con una sonrisa al volver a su casa. Me abraza y me dice en su idioma algo que parece un —Anda tonta, no llores!— y entonces sí que lloro como una magdalena. Qué maja la señora, me abraza como si fuera su hija.

Después de instalarnos vamos al “salón”, la estancia principal con la hoguera para cocinar y calentarse. Están cocinando batatas y hay mucha gente esperándonos. La expectación por tener a dos extranjeros en casa es grande.

Todos ellos forman la familia Asso. Nos sentamos en el suelo junto a ellos, charlamos y nos reímos mucho. Nuestro bahasa indonesia mejora por momentos. No es un idioma muy difícil y durante estos días ya hemos aprendido bastantes palabras básicas para comunicarnos y aprender de ellos. Repartimos cigarros y globos y el hermano de la señora de la casa dibuja en nuestro diario de viaje un pájaro para que tengamos un recuerdo suyo. Entendemos que es un pájaro de la zona, Purung Cende Rawasi, e intuimos que se trata del Bird of Paradise, una conocida especie de pájaro que habita, entre otras, la zona de Papúa.

Escuela en Hitugi, Valle de Baliem

Escuela en Hitugi, Valle de Baliem

Pájaro Bird of Paradise, Papúa

Pájaro Bird of Paradise, Papúa

Esta casa, al igual que la mayoría de las del poblado, es de madera y es diferente a las honais. Con una sola planta y varias habitaciones donde vive toda la familia entera. Tiene una tarima de madera en el suelo y las ventanas son de cristal. Lo único en común con las cabañas es la estancia donde comen, con suelo de paja y fuego central. Esta noche dormiremos en el suelo de una pequeña y vacía habitación que nos han dejado para nosotros solos así que podremos instalar las mosquiteras.

Gastos
Alojamiento para 2 personas en casa local de Hitugi = 160.000 IDR { 13,67 € }

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Categoría: Diario de viaje Indonesia | Tags: , , , , , , , , ,

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3 comentarios

  • Conchita López | 27 . 02 . 2013

    Seguro que si Merlin os volviera a ver, os daría un abrazo …. Y los niños os volverían a cantar!!!

  • Nati Bainotti | Mi vida en una mochila | 13 . 02 . 2013

    Me encantó la idea de regarles globos y, sobretodo, la de tener la Polaroid para darles las fotos en ese instante =) Muchas veces me pasó que me pedían que les mande la foto por email o correo después, y con esto me parece una forma super natural y espontánea de ya dejarles ese recuerdo… creo que les robo la idea =) =)

    • tienenojos.com | 14 . 02 . 2013

      Lo mejor es la cara de sorpresa y agradecimiento con la que te miran :)
      En breve colgaremos algunos videos de esos momentos Polaroid.
      Encantados de que nos copies la idea!!!


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